La doncella (The Handmaiden)

Por Rubén Cusati

Ficha técnica

Título original: Ah-ga-ssi

Año: 2016

Duración: 145 min.

País:  Corea del Sur

Director: Park Chan-wook

Guión: Park Chan-wook, Jung Seo-kyung (Novela: Sarah Waters)

Música: Cho Young-wuk

Fotografía: Chung Chung-hoon

Reparto: Ha Jung-woo, Kim Min-hee, Jo Jin-woong, Kim Tae-ri, Moon So-ri, Kim Hae-suk

Productora: Moho Film / Yong Film

Género: Thriller. Erótico lésbico. Drama romántico

 
 

 

 

Sinopsis

Corea en la década del 30 durante la colonización japonesa. Un estafador que se hace pasar por un Conde japonés contrata a la joven coreana  Sook-hee como criada de una rica y también joven japonesa, Hideko, quien vive recluida en una gran mansión bajo las órdenes de un tío despótico. La tarea que debe cumplir la rebelde Sook-hee es ayudar al falso Conde a engatusar a Hideko para casarse y quedarse con su fortuna

 Premios 
  • 2016: Festival de Cannes: Sección oficial largometrajes a concurso
  • 2016: National Board of Review (NBR): Mejores películas extranjeras del año
  • 2016: Festival de Sitges: Premio del Público
  • 2016: Critics Choice Awards: Nominada a mejor película de habla no inglesa
  • 2016: Críticos de Los Angeles: Mejor película extranjera y diseño de producción
  • 2016: Satellite Awards: Nominada a Mejor película de habla no inglesa

Trailer:

Después de la película más vista en Corea del Sur Gongdong gyeongbi guyeok – Joint Security Area (J.S.A.), de la trilogía de la venganza – el tema más transitado y potente del cine – con Boksuneun naui geot (Sympathy for Mr. Vengeance) en 2002, seguida de la adaptación del manga homónimo Oldboy, de 2003, ganadora del gran premio del jurado del Festival de Cannes de 2004 y con Chinjeolhan geumjassi (Sympathy for Lady Vengeance), de 2005 y de la magnífica Stoker (Lazos perversos), se esperaba la nueva obra de Park Chan-wook que, como es su costumbre, parte de una novela o de un manga que él adapta para el cine junto a colaboradores. Y no defrauda en absoluto. Todo lo contrario, es un filme altamente recomendable.

En este caso traslada una historia escrita por una galesa (Fingersmith de Sarah Waters) que ocurre en el Reino Unido en la época victoriana a la Corea de 1930 ocupada por Japón, respetando bastante la trama de la novela y la variedad de los puntos de vista de los personajes mezclando géneros diversos tanto como puntos de vista de la narración que se divide en 3 partes bien definidas con la única linealidad que se mantiene a lo largo de las 2 horas y media de duración: la historia de pasión entre 2 de los protagonistas (en la novela se utilizan 4 narradores y en el guión 3 pues con buen criterio se reúnen en la tercera parte los puntos de vista de los dos hombres).

Y el talento de su realizador hace que el thriller sea muy entretenido a pesar de su duración y permite, además, la comprensión total de la historia a pesar de sus vericuetos, sus trampas, sus saltos de tiempo siempre que el espectador tenga una mirada atenta y ni siquiera pestañee.

Lady Hideko vive recluida por su tío Kouzuki en una mansión cuya arquitectura es una mezcla inglesa y oriental, con bibliotecas repletas de libros eróticos que Hideko es obligada a leer ante una tribuna de hombres. Ella es japonesa y el tío es viudo y coreano pero quiere ser japonés (ya lo había logrado anteriormente con su matrimonio con la tía de Hideko que tuvo un final aciago). El tío maneja la fortuna de Hideko y la mantiene amenazada sin que pueda salir de la casa.

En un hogar que asila niños huérfanos, el falso Conde Fujiwara contrata a la coreana Sook-hee como doncella de Hideko con la misión de que le facilite su casamiento con ella para arrebatarle la fortuna (también ambicionada por el tío) para luego encerrarla en un manicomio. Arreglan el pago correspondiente que Sook-hee se encarga de regatear y conseguir mayor provecho.

El erotismo empapa la película como la tinta la lengua del tío Kouzuki. Las fantasías masculinas de sexo y dominación permanecen siempre sugeridas, los hombres pasivos aunque poderosos, escuchan o miran con poca destreza e imaginación los relatos de ficción de la sexualidad femenina mientras que el contacto físico lo practican sólo las activas mujeres, de ellas es el deseo verdadero.

Las referencias son múltiples, desde Rashomon de Kurosawa o el Sonido y la Furia de Faulkner por la variedad de puntos de vista, hasta la primera trama filmada todavía en el siglo XIX por los hermanos Lumiere: el regador regado. Pues de eso trata la película, el engañador engañado y más de una vez con estupendos giros de guión. Las perspectivas de los personajes cambian varias veces durante la película, al mismo tiempo que va cambiando el punto de vista de quien nos cuenta la historia.

El engaño está planteado pero Lady Hideko y Sook-hee deciden escapar de sus respectivos destinos tramados por ambos hombres, distintos entre sí.

Su primera ruptura es con una tradición literaria y con la propia trama que las obliga a actuar como rivales. Ambas son mujeres enfrentadas por cuestiones de clase: la coreana pobre debe servir a la japonesa rica. Y además un hombre utiliza a una para quedarse con el dinero de la otra. O viceversa.

La segunda rebelión la llevan a cabo contra un paradigma erótico donde solo pueden ejercer de oficiantes pasivas, de agentes del placer para ‘voyeurs’ masculinos.

Hideko y Sook-hee se sustraen de todos estos condicionantes al enamorarse la una de la otra y desarrollar su propia historia de pasión a espaldas de los hombres que pretenden controlarlas.

Aparecen mentiras y traiciones, estafas de todo tipo infiltradas de erotismo lésbico con una exquisita suntuosidad. Así como los planos generales son fastuosos y enmarcan lujosamente las pasiones clandestinas con decorados o escenarios naturales visualmente exuberantes, los indicios que se muestran apenas en cortos planos detalle (la caja de sombreros que contiene la soga, la ampolla con el opio,  la petaca y los cigarrillos de color, la cobra amenazante, etc.) se retoman de manera exquisita pero sorprendiendo al espectador y escapando de toda obviedad.

El erotismo es refinado como las sesiones de lectura que organiza el tío en el salón (transformando al espectador en otro voyeur más, una burla del autor hacia nosotros mismos) pero que en realidad destaca la diferencia entre la mecánica y violenta sexualidad de los hombres y la más intensa y profunda que gozan las dos mujeres.

Las relaciones de sumisión frente al poder son múltiples y varían a lo largo del relato, mujer pobre-mujer rica (doncella-ama), nación pobre-nación rica (en el filme Corea-Japón, en la novela Gales-Inglaterra), mujer-hombre, pero la que prima al final es la de hembra versus macho en la que éste último es sustituible y pierde su poder. La sumisión, en todo caso, vira hacia una gozosa entrega.

Los hombres asumen la sexualidad de manera lucrativa y perversa; la mujer, por el contrario, la entiende como un derecho, un privilegio que le ha sido concedido dada su perfecta naturaleza y su belleza, que se impone a la fealdad y la depravación del hombre, y del que no tiene miedo de hacer uso para su beneficio personal y privado. La mujer responde a las tretas maquiavélicas de los hombres con astucia y con maldad pero sólo para sobrevivir. La pureza para el hombre deviene del erotismo como materia de estudio, para la mujer, el esplendor sexual coincide con la práctica de su deseo más genuino y con el orgasmo.

El hombre no completa su realización personal por medio de la relación con otros seres humanos, burocratiza el objeto de su deseo: necesita poseer lo que otro posee. La mujer, por el contrario, es más genuina. El hombre especula con el conocimiento, la mujer experimenta, se apasiona y su deseo es más de veras.

Park Chan-wook tiene la capacidad de inquietar con violencia, erotismo, abuso de límites morales incomodando al espectador.

Ningún realizador masculino ha creado una película tan femenina y comprensiva con el género: los hombres fantasean con las relaciones eróticas entre dos mujeres pero no serán capaces de conocer o comprender la explosión de libertad de esa relación sexual que se manifiesta físicamente sin tapujos. Los hombres sólo imaginan, recrean con su imaginación en un ejercicio onanista y acaban castigándose con máxima violencia en busca de venganza mientras las mujeres gozan y disfrutan de sus cuerpos.

Todos los aspectos técnicos nos resultaron impecables.

Las actuaciones de las dos mujeres son excelentes igual que la del falso Conde, mientras el único reparo sería haber marcado con exceso al odioso tío.

El humor aparece para mitigar el academicismo visual de la narración y está colocado en dosis justas. Por último resaltamos en la banda sonora la música que, en partes, nos evocó nada menos que a Ennio Morricone.

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