“Mundo Grúa” y el mundo del desempleo

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Por Raúl Avila

Mundo Grúa -dirigida por Pablo Trapero- aborda el problema del fantasma del desempleo y sus consecuencias en las relaciones sociales a través de la historia de Rulo. El protagonista principal es un actor no profesional (Luis Margani); es operador de grúas, padre de un hijo y divorciado. Todo marcha bien hasta que pierde su trabajo y a partir de ahí comienza la odisea hacia una nueva oportunidad laboral, una verdadera aventura para alguien de 50 años en momentos de crisis económica y social.

Contexto histórico

Mundo Grúa transcurre en la década de los noventa durante el gobierno de Carlos Menem. En este período, Argentina fue considerada la mejor alumna por la aplicación de recetas de políticas neoliberales recomendadas por el Consenso de Washington. Si bien la propuesta obtuvo algunos índices económicos favorables como control de la inflación, crecimiento del PBI y el logro de una disciplina fiscal, los resultados fueron a costa de un aumento de desocupación, desigualdad y exclusión social.

Fue una época negativa para la mayoría de la población, marcada por la reducción del papel del Estado, endeudamiento externo, privatización de empresas públicas, desindustrialización, apertura de importaciones, flexibilización laboral y pérdida de la soberanía política y económica, todo ese desastre acompañado por una gran corrupción y enriquecimiento de funcionarios públicos y del establishment económico.

El modelo neoliberal estalla en mil pedazos en diciembre de 2001 con la peor crisis de la historia argentina; el pueblo saliendo a las calles en repudio de la clase dirigente con la consigna “que se vayan todos” y la indignación de la clase media por la pérdida de sus ahorros bancarios; la rebelión popular tuvo un saldo increíble: huida del presidente Fernando De la Rúa, mitad de la población bajo la línea de pobreza, estado de sitio, brutal represión, 39 muertos (todos de la clase baja que adhirió luego a la revuelta) y 5 presidentes en 2 semanas.

Pablo Trapero se anticipa a la crisis pero no la explica ni la muestra. El director no se ve obligado a explicar nada, el espectador es considerado un testigo de los hechos ocurridos pudiendo reconocer y descifrar el mensaje. La pérdida de los lazos sociales del Rulo (madre, hijo, novia y amigos) a causa del viaje al Sur del país en busca de un empleo es ni más ni menos que la crónica de un exilio anunciado de los miles de argentinos desesperados que emigraron al extranjero luego de la crisis del 2001.

Técnicas y recursos cinematográficos

La película es puro neorrealismo, fue filmada con bajo presupuesto y en blanco y negro, lo que refuerza su aspecto documental. La narración se estructura como una historia circular en el tiempo: al principio el protagonista está en Buenos Aires desempleado luego de un intento frustrado como operador de grúas, luego viaja al sur a probar suerte y regresa a la ciudad, nuevamente sin trabajo y con una segunda frustración.

El realismo logrado se manifiesta en ciertas escenas ubicando al espectador en el espacio de los hechos conviviendo con los personajes y presenciando el diálogo de cerca. El ruido urbano como sonido de fondo es un recurso que se repite en las conversaciones de los protagonistas en el ambiente exterior.

El uso de planos abiertos ubica al protagonista en su ciudad. Un paneo por Buenos Aires visualiza las construcciones edilicias y al Rulo manejando la torre grúa en el centro del escenario urbano, sugiriendo al binomio hombre-máquina como elemento vital del proceso productivo urbano del capitalismo. Es la ciudad neoliberal que se guía por el afán de lucro y devora a sus verdaderos creadores, primero los utiliza, luego los descarta y por último los expulsa del sistema, haciéndolos invisibles y olvidados, como si nadie supiera de su existencia.

rulo 3Las cualidades del protagonista-trabajador se muestran en cambio en los planos de detalle: manos, torso, rostro. Las imágenes son contundentes y hablan por sí solas. Las manos gruesas sobre los controles de la grúa remarcan el oficio del obrero especializado en el manejo de las máquinas, el abdomen prominente dan cuenta del descuido de la salud y los primeros planos del rostro muestran expresiones de tristeza, preocupación e incertidumbre.

La serenidad de algunas escenas caracterizadas por la inmovilidad de imágenes se logra eficientemente con cámara fija y lentas variaciones que sin embargo evidencian las emociones de los personajes sin necesidad de la usual alternancia de planos.

El resultado general de la filmación es el escaso dinamismo y los sucesos parecieran transcurrir sin sobresaltos, con la tranquilidad afín a la personalidad del personaje principal; aunque en el fondo, la pérdida del empleo y el exilio compulsivo al Sur marcan el inicio de un cambio estrepitoso en el alma del protagonista, un ser que comienza a sucumbir al alterarse su vida cotidiana, sus afectos, sus sueños.

Consecuencias de la pérdida de trabajo

“El Rulo” es un hombre de bien típico de la clase trabajadora argentina, disfruta de las cosas simples o las que le permite su situación económica: gusta de tomar mates con su madre, comer asados con amigos en su humilde departamento del Conurbano Bonaerense, pasear en su Dodge 1500 y presenciar desfiles de gauchos y bandas militares.

Los valores de “tradición, familia y propiedad” se pierden cuando queda sin empleo.

Las circunstancias lo obligan -primero- a desprenderse de un elemento de su “propiedad” -el automóvil- a partir de este momento la libertad para circular por la ciudad no será la misma. Previo al viaje al Sur, asiste con su madre y amigos a un desfile de gauchos a caballo y bandas militares, la tristeza se refleja en el rostro del Rulo contemplando quizás la última imagen de una fiesta popular de la “tradición”. Una vez instalado a dos mil kilómetros de distancia de su hogar, la relación cotidiana con su “familia” queda trunca, y a partir de ahí, la melancolía, los silencios y el bajón se apoderan del protagonista.

La película genera una sensación de impotencia. El espectador se identifica con el protagonista y sufre en carne propia sus desventuras, porque tarde o temprano, será el destino que le espera en esta injusta sociedad, por la que se siente impulsado a entrar en escena para alterar el rumbo de los hechos; el Rulo debería reaccionar y dejar la pasividad de lado, la dignidad humana está en juego y, lo que le pasa él, les pasa a todos.

Culto a la amistad

La amistad es otro de los valores importantes en la que el ser humano se refugia en los momentos más difíciles. Trapero lo resalta con claridad. Son los dos amigos del Rulo (Torres y Walter) quienes comparten con él los gratos momentos, los que le consiguen trabajo, los que lo van a despedir a la estación de tren y los que emprenden la gran aventura de visitarlo al Sur. Justo en el momento más difícil para el Rulo, en que se encontraba en un estado de soledad y tristeza, los amigos le rulo 4caen de sorpresa en un vehículo fabricado por ellos mismos, similar a los usados en “Mad Max: los verdaderos amigos suelen hacer cosas imposibles.

El Rulo es un tipo afectuoso que valora la amistad. Trapero recurre en varias escenas a las imágenes de los abrazos no sólo para resaltar la cualidad del protagonista sino también para mostrar el poder que ejercen entre las personas los cuerpos: en la despedida son los verdaderos protagonistas.

El Rulo: ¿víctima o responsable?

El personaje de la película representa a los millones de argentinos que sufrieron o siguen sufriendo la falta de trabajo quedando fuera del mercado laboral. El Rulo es un anti héroe y consigue la empatía del espectador aunque nadie quiere parecérsele. Los análisis médicos de la ART le dan otro golpe a su ambición a pesar de la ayuda de sus amigos y su buena predisposición para aprender el oficio.

Para el sistema capitalista de libre mercado “el Rulo” es descartable, siempre habrá un reemplazante que esté en condiciones de hacer las cosas mejor que él y en peores condiciones de trabajo. El Estado está ausente en la película y su ausencia en la vida económica genera este tipo de realidades.

rulo 6Cuando el Rulo llega al Sur es recibido con los brazos abiertos por el contacto de su amigo Torres. El alojamiento donde pasará sus días no es de lo mejor: trabajadores hacinados en condiciones de higiene lamentables, muchos duermen en el piso, sin agua caliente; lo único bueno es el buen clima de compañerismo que existe en el lugar. El optimismo se demuestra en el diálogo telefónico que mantiene con su madre: ¿Cómo está todo por allá hijo?, ¡todo lindo vieja, una barbaridad!

El nuevo trabajo como operador de grúas dura poco. Comienzan los conflictos gremiales con la patronal a partir de la lucha de los trabajadores por la falta de comida. El Rulo es sólo un actor pasivo, contempla los debates y tensiones de los compañeros pero no logra involucrarse, no lo mueve el afán de plegarse a la lucha obrera. ¿Cómo se explica?

Por un lado, el Rulo carece de conciencia de clase porque no tuvo la experiencia de trabajos en ámbitos colectivos. Él es un cuentapropista, siempre vivió de changas. En su juventud fue músico de rock; el nombre de la banda (Séptimo Regimiento) y el hit musical (Paco Camorra) no sugieren un estilo de música comprometida contra la injusticia social o el sistema capitalista, más bien, dan cuenta de una banda comercial, esas que pasan de moda y pronto se olvidan.

Por otro lado, hay que considerar que el protagonista pertenece a la generación que atravesó su juventud durante la dictadura militar más salvaje de la que se tenga registro en nuestro país, donde un tercio de los 30 mil desaparecidos fueron obreros y en la que se intentó disciplinar a toda la sociedad por medio de los secuestros, torturas y desaparición de personas.

Son varios los motivos que explicarían la pasividad del protagonista ante la realidad que le toca vivir. Más allá de su posible victimización o responsabilidad, el Rulo representa a la clase media argentina, golpeada, maltratada y explotada por el sistema, respetuosa de las leyes y mandatos familiares, esa que recibe los castigos y ofrece la otra mejilla. Por supuesto, es también, la clase media la que se indigna de vez en cuando, sale a las calles cuando la situación no da para más, pero para ese entonces, generalmente, es demasiado tarde: la sociedad ya ha tocado fondo.

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Ficha técnica

Duración: 82 minutos

Origen: Argentina

Año: 1999

Dirección y guión: Pablo Trapero

Producción: Lita Stantic

Pablo Trapero

Asistente de Dirección: Ana Katz

Fotografía y cámara: Cobi Migliora

Dirección de arte: Andrés Tambornino

Montaje: Nicolás Goldbart

Sonido: Catriel Vildosola Federico Esquerro.

Intérpretes: Luis Margani,

Adriana Aizemberg

Daniel Valenzuela

Roly Serrano

Graciana Chironi

Federico Esquerro

Alfonso Rementería

 

 

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Raul Avila