4 de Septiembre: Día de la Salud Sexual

Educación Sexual Integral (ESI)

Prospectivas y perspectivas.

por Fernando Fiorilli

La nueva ley ESI, invita a entender a la sexualidad en sentido amplio, desbancando la concepción biologicista de sexualidad como genitalidad. Implica incluir lo social, psicológico, biológico, jurídico, espiritual, ético

A partir de la sanción de las leyes de Protección Integral de los derechos de las Niñas, los Niños y Adolescentes (26.061), del Programa Nacional de Educación Sexual Integral (26.150) y la ley de “Educación Nacional” (26.206) se otorga un marco normativo para las prácticas relativas a la Educación Sexual de todos los Niveles de Educación formal. Señalan la obligatoriedad de ofrecer Educación Sexual Integral de manera continua y transversal.

Las sociedades educan intencionadamente en materia sexual a sus miembros, a veces de manera activa y explicita y otras de forma implícita, como parte de los procesos de socialización de su cultura y como matriz generadora de múltiples aprendizajes sociales que se traducirán en patrones, comportamentales asignados arbitrariamente a los géneros y esperables para las diferentes etapas de la vida. La educación sexual influirá en la vida de los sujetos organizando su sexualidad, construyendo su identidad, demarcando el ejercicio de los roles, la manera de vinculación con los otros y en la introyección de valores, pautas y normas que funcionaran como marcos referenciales sobre los múltiples comportamientos sexuales. Si hablamos de Nivel Medio, la ESI debe articularse de manera sistemática con los contenidos curriculares de las diferentes áreas, tendientes a propiciar el desarrollo de habilidades, saberes, y prácticas concretas vinculadas con el cuidado del cuerpo propio y del ajeno, la revalorización de los sentimientos y emociones en cada relación vincular, impulsando valores y actitudes relacionados con la solidaridad, el amor, el respecto e integración de las diferencias, el ejercicio de los derechos y el respeto por la vida. También se promueve la revisión de los prejuicios y creencias que subyacen a las prácticas discriminatorias.

Como ya sabemos, la vida escolar con sus ritos, regulaciones y prácticas transmite saberes y reproduce creencias respecto de lo prohibido y permitido; lo esperable y lo valorado. También favorece vínculos y reproduce estereotipos que no contribuyen a la inclusión igualitaria de los protagonistas del escenario escolar.

sexualidadEn el Nivel Medio, se requiere atender las inquietudes e intereses propios de la edad, posibilitando la participación activa del alumnado con la intención de ofrecer la igualdad de oportunidades para todos/as, promoviendo la convivencia, la cooperación y la solidaridad, así como la integración social y pertenencia grupal.

En este nivel, es necesario el fortalecimiento de los procesos de construcción de autonomía, que posibilitan el respeto por la diversidad de identidades sin prejuicios derivados de la orientación sexual, las identidades de género, la apariencia física, las identidades étnicas, culturales, etc.
Pero, la percepción de estos sujetos por parte de los adultos dificulta el acercamiento. En ocasiones está signada por la negación o la invisibilidad. Se nos presentan de antemano como sujetos faltos de iniciativa y participación, incompletos y desde la mirada clásica del proceso de formación, donde aún es impreciso dotarlos de propia voz y sin reconocimiento de las singularidades. Los adolescentes requieren acceder a información sobre los marcos normativo y jurídico que garantizan sus derechos en general y sus derechos sexuales y reproductivos en particular.

Desde el rol docente, enseñar ESI se presenta como una tarea compleja que invita a revisar la propia práctica, los paradigmas aprendidos sobre la sexualidad, los estereotipos que condicionan el ejercicio de los roles, desandar los prejuicios que se traen con relación al estudiante adolescente y la visibilización de lo velado en un contexto de realidades dinámicas y diversas, en continua transformación como es todo ámbito educativo y sin perder de vista la necesaria articulación del trabajo docente con la comunidad, en virtud de propiciar el efecto multiplicador hacia los hogares del trabajo realizado en las aulas.

Entonces, la normativa marca imprimirle a nuestras prácticas la legitimación ante las singularidades y la plenitud de derechos. Pero, en la práctica puede advertirse un discurso contradictorio acerca de la adolescencia, donde por un lado se juveniliza la adultez –volviendo la adolescencia y la juventud de un modelo en sí mismo como ideal totalizante y por otro lado por su ajenidad y diferencias se presenta como un campo desconocido, hostil, pudiendo llegar a encarnar lo negativo y oscuro del conjunto social. La adolescencia queda vinculada a la negatividad y la rebeldía, al delito y al consumo problemático de sustancias.

Enseñar en la Nueva Escuela Media hoy, implica instalar el debate para que la palabra se vuelva aliada del placer, correrse de la responsabilidad como propiedad del adulto y dotar a los adolescentes del poder de la decisión sobre sus actos. Es enseñar a hacerse cargo del propio cuerpo en un momento y espacio que excluye a quienes marcan sobre qué cosas se es responsable (en la intimidad no hay padres ni docentes con quienes se asocia lo debido) “respetuoso de las necesidades y las posibilidades de adolescentes y jóvenes”. Enseñar hoy en el Nivel Medio -y ESI en particular- es un proceso, donde los tiempos se relativizan y lo que prima es la demanda de conocimiento. Es dar importancia a la comunicación verbal ante el conflicto, es desnaturalizar la violencia y promover vínculos de confianza y compañerismo con igualdad de derecho.
Descuidar estos aspectos, es dejar a los adolescentes -ávidos de información-, con el consiguiente riesgo de recurrir a fuentes poco confiables y muchas veces basadas en mitos populares.
Pero aún existen en los docentes ideologías obstaculizadoras de las nuevas propuestas. Tal vez, producto de la vetusta matriz docente, se sigue concibiendo a la educación sexual solamente vinculada a la anatomía y fisiología, y circunscripta a lo biológico.

Plantear una ESI, nos insta a reconocer que somos seres sexuados desde el nacimiento y por ello es necesario comenzar la instrucción desde el nivel inicial y atravesar los demás niveles de educación formal, haciéndolo de manera gradual e in crescendo en complejidad. Sistematizar los contenidos de cada materia sin ser una asignatura específica y adecuándolos en función del momento evolutivo, las características culturales y étnicas.
Si se limita la educación sexual a una clase de Biología, se reproduce el esquema reduccionista que iguala sexualidad con aparato reproductor y que anula la intención de la nueva ley de ESI.
La nueva ley, invita a entender a la sexualidad en sentido amplio, desbancando la concepción biologicista de sexualidad como genitalidad. Implica incluir lo social, psicológico, biológico, jurídico, espiritual, ético.

Tradicionalmente el modelo biomédico se ocupó de la prevención de enfermedades, los modelos prescriptivos de la definición de conductas correctas en oposición a las inadecuadas. El espíritu de la nueva ley y su aplicación en la Nueva Escuela Secundaria implica pensar un modelo que pueda incluir la promoción de la salud, la valoración de niñas, niños y adolescentes como sujetos de derecho, el respeto a la diversidad, el rechazo a la discriminación, la igualdad de oportunidades, el desarrollo de competencias psicosociales (expresión de emociones y sentimientos, capacidad para tomar decisiones, enfrentar la presión de pares, el conocimiento de sí mismo, las relaciones interpersonales), la afectividad, el conocimiento, la valoración y cuidados del cuerpo propio y ajeno, los valores (solidaridad, amor, cooperación, respecto a la intimidad propia y ajena, respeto por la vida e integridad de las personas y por el desarrollo de actitudes responsables) y la participación de las niñas, niños, adolescentes junto a sus familias.

Pensar la sexualidad como una manera de ser sujetos en un momento histórico particular, es pensar sobre las relaciones entre personas, los estereotipos para el hombre y la mujer en cada época, restrictivos, limitantes y empobrecedores de los despliegues subjetivos.
Y en este marco, será función de los docentes brindar una educación sexual apoyada en conocimientos científicos y conciliables con las diversas creencias y orientaciones éticas que presentan las subculturas de una sociedad y sin perder de vista la enorme responsabilidad e influencia en la construcción de la identidad de cada uno de los individuos, que devendrá en la elección de pareja y la organización de una familia, la gestación, la educación y el cuidado de los hijos, la vida en relación con los otros, el cuidado de uno mismo y de los demás, las elecciones vocacionales y las actividades laborales. Trabajar la sexualidad en las escuelas implica un encuentro y un desencuentro. Es un entrecruzamiento silencioso que, aun así, no deja de ocurrir o bien supone reconocer allí una intersección posible que abre a un campo donde el diálogo entre generaciones y entre pares se ve habilitado.

La adolescencia es un período de cambios muy profundos y rápidos, donde se tienen que tomar una serie de decisiones muy importantes para el futuro. Todo ello ocurre en una sociedad en la que los jóvenes no acaban de tener un sitio bien definido. En este período, el que el adolescente sea capaz de valorarse y de que el resto le valoren es muy importante tanto para vivir la relación con los adultos, como con el grupo y la pareja.

salud-sexual-1La adolescencia exige readaptaciones continuas a nuevas formas de relación, es una época en la que se busca la autonomía y comenzar a definir el proyecto de vida.
Enseñar a los jóvenes a cómo comunicar sus deseos, sentimientos, aspiraciones y sueños para el futuro es muy importante para crecer de forma saludable. Para ello y previamente, será condición dotar al adolescente de la palabra, con derecho a una herramienta de comunicación y patrimonio cultural que le permita relacionarse, crecer y tomar decisiones. También aceptar (para los adultos, docentes o padres) que no existen para ser modelados al antojo, sino para experimentar singularmente. Una buena comunicación es esencial para que existan buenas relaciones humanas entre miembros de la familia, amigos o pareja. Ser capaz de comunicarse claramente para poder ser entendido. Enseñar a escuchar, respetando a quien habla, esforzarse por comprender lo que dice, entablar diálogos si el tema nos interesa o cambiar de conversación, o cortarla amistosamente si el tema no nos interesa.

El contexto actual, mediado por las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), presenta el desafío de adaptación a nuevas formas de vinculación intergeneracional. Paradójicamente, la juventud ya no es valorada como la flor de la vida y debido a la mediatización de los dispositivos digitales, se la percibe como una época oscura, velada y poco abordable. Trabajar con la adolescencia, implica desnaturalizar la mirada y dejar de mirarlos como extraños para considerarlos como otros a quienes hablar. Autores como Débora Kantor señalan que este fenómeno también está favorecido por la disolución de la adolescencia causada por una adultización temprana producto de la maternidad y paternidad prematura. El adulto educador queda diluido en este desplazamiento y reprimida su responsabilidad de guía y tutelazgo. Ahora bien, sobre estas condiciones se debe asumir el rol de referente, no para marcar el camino a seguir, sino muy por el contrario, para que el sujeto no se quede sin camino. Es responsabilidad de los docentes construir el marco adecuado para mejorar la educación. Ante esta resignificación de lo social, los adolescentes buscan romper y confrontar con el adulto en pos de construir su identidad. Será entonces la función del adulto acompañar y soportar la confrontación.

Todo esto nos insta a los docentes a sumar formación en más aspectos que los cognitivos y técnico pedagógicos. Adquirir competencias socioemocionales permitirá asumir el rol de formador a partir de la propia madurez emocional.

Por último, no hay que negar ni perder de vista que el entorno social resultante de la modernización, ha traído consecuencias visibles e inmediatas entre los jóvenes que son agravadas por la pobreza y la exclusión. Las pocas oportunidades y los cambios sociales demandan producir nuevas condiciones para fomentar la esperanza y la resiliencia de las juventudes, la preservación de la vida y las opciones adecuadas para expresarse culturalmente y contribuir a su entorno. Las manifestaciones culturales específicas de los jóvenes son espacios de participación valiosos que los presenta como sujetos sociales, con voz propia, legitima y autónoma. Las culturas adolescentes poseen en si misma saberes y potencialidades con posibilidad de contribución a la sociedad toda. Son notables su capacidad de aprender a aprender y reelaborar flexiblemente sus competencias y actitudes. Sumándolos y generando un nuevo pacto de corresponsabilidad y colaboración entre las generaciones, es posible fundar las nuevas estrategias para el desarrollo y la orientación existencial.


El Lic. Fernando Fiorilli egresó de la Universidad de Buenos Aires en el año 2008. Con el título de Licenciado en Psicología, comenzó su práctica clínica asistiendo a pacientes con discapacidad intelectual. Posteriormente realizó su Especialización en Psicoterapia en la Fundación Gregory Bateson.


Bibliografía

 

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