Franz Kafka (1883-1924)

Muchas frases se han creado en torno a Kafka, nacido en Bohemia y que escribió en alemán,  escisión que lo llevó a tener dos vidas paralelas. Por ejemplo, que los tres renovadores de la novela a principios del siglo XX se centran en la memoria y el pasado (el francés Proust), en el presente (el irlandés Joyce, flujo de conciencia) y Kafka (en el futuro). Otra frase para definirlo es “Si hubiera nacido en ………….. sería un escritor costumbrista” y los puntos suspendidos pueden reemplazarse no sólo por “Argentina” sino por cualquier país latinoamericano. De hecho, aparentemente, la frase se aplicó por vez primera a Méjico, otro país surrealista según ABretón. Quizás con esas opiniones coincidió nuestro Borges en su interés por él y por Carriego. Borges siempre insistió que Carriego había muerto de tuberculosis como Kafka pero en realidad murió de peritonitis.

Kafka se identificó con sus antepasados maternos por su espiritualidad, intelecto, conocimiento rabínico, excentricidad, melancolía y cierta debilidad ella estaba subordinada a su marido que no comprendía su afición literaria improductiva. En Carta al padre le atribuye su imposibilidad de vivir (sin matrimonio, sin ser padre, sin escribir) que lo sumió en la impotencia. Ese conflicto con el padre se refleja en todas sus novelas, la desesperada lucha con una potencia que quiebra su voluntad y que él extiende al aislamiento con todos los seres humanos (los amigos que estimó, las mujeres que amó, el trabajo que detestaba, la sociedad en que vivía) y también con Dios.

Su oposición a la sociedad instituida se hizo claro cuando se declaró socialista y ateo y luego asistió a reuniones de los anarquistas checos (antes de la 1ª Guerra Mundial) y, al final, simpatizó por un sionismo socializado. Como judío, estaba aislado de la colonia alemana de Praga a la vez que, como intelectual moderno, se encontraba igualmente desconectado de su propia herencia judía. El aislamiento social y el desarraigo contribuyeron a su infelicidad personal a lo largo de toda su vida. Su mejor amigo fue Max Brod quien resultó el salvador de los escritos de Kafka que él le había ordenado que destruyera..

Luego de su doctorado en 1906 sus empleos fueron rutinarios y se retiró con una  pensión en 1922 debido a su salud. Siempre escribió de noche, agotado, pues.

La inhibición afectó sus relaciones con Felice Bauer, con quien estuvo comprometido en matrimonio dos veces antes del rompimiento en 1917. Luego su amor por Milena Jesenská Pollak también se vio frustrado por sus largas temporadas en sanatorios. En 1923 Dora Dymant una nacionalista judía lo acompañó hasta su muerte ocurrida un año después.

Así nos aconseja:  En tu lucha contra el resto del mundo te aconsejo que te pongas del lado del resto del mundo.

En La metamorfosis demuestra un estado todopoderoso y burocrático, ante el cual el individuo está indefenso. Una pesadilla: «Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto”. No se trataba de un sueño sin embargo, la habitación era humana.

Borges en el Prólogo de esa novela nos escribe examinando el tema de la empresa imposible (el regressus ad infinitum y la paradoja de Zenón de Elea) y como opera la técnica de Kafka:

“Mi padre (yo tendría 9 o 10 años entonces), en una casa por las orillas de Palermo una noche me preguntó si había oído la historia de la carrera de Aquiles y la tortuga. Dije que no, y me divirtió la idea de una carrera entre Aquiles, el de los pies ligeros, símbolo de rapidez y la tortuga, la morosa tortuga, símbolo de lentitud, y dije que me gustaría oír eso. Bueno, dijo, una vez corrieron una carrera Aquiles y la tortuga. Aquiles le dio a la tortuga 100 metros de ventaja, lo cual es justo, dado lo moroso de la tortuga y lo lento de sus hábitos. Muy bien, Aquiles recorre los 100 metros mientras la tortuga recorre 1 metro. Me preguntó si la cuenta estaba bien sacada, él sabía que lo estaba y le dije que sí. Muy bien, me dijo, recorre ese metro en tanto que la tortuga recorre 1 centímetro. Yo dije que sí, si Aquiles corre cien veces más ligero que la tortuga. Desde luego, me dijo, Aquiles recorre entonces ese centímetro, y la tortuga mientras tanto ha recorrido un milímetro. Y así siguen, de modo que Aquiles nunca podrá alcanzar a la tortuga. Pues bien, esto ha sido discutido después por Poincaré, por Bergson, por Bertrand Russell, por Stuart Mill, antes por Aristóteles, antes quizás por todos los filósofos y es realmente un argumento serio contra el hecho de que si el tiempo se compone de instantes y el espacio está hecho de puntos, una cantidad cualquiera no puede agotarse. Ese argumento lo aplicó William James: Vamos a suponer un cuarto de hora. Pero antes de que un cuarto de hora pase, tienen que pasar siete minutos y medio, pero antes tienen que pasar tres minutos y una fracción, y antes de que pase la fracción tiene que pasar otra, pero como el número de fracciones es infinito resulta que se saca como consecuencia que no puede pasar nunca un cuarto de hora. Pero curiosamente, cuando Zenón de Elea formulaba esas paradojas en Grecia cinco siglos antes de la era cristiana, un pensador chino, Lie Tsu la formulaba en China bajo la forma de una leyenda, una forma que hubiera complacido más a Kafka. Lie Tsu habla del cetro de los reyes de Liang y supone que ese cetro es heredado por cada sucesor de la dinastía. Cada uno tiene que cortar la mitad del cetro, que no es excesivamente largo, pero como nunca se llegará a la mitad de la mitad de la mitad de algo la dinastía es infinita, es decir, exactamente el mismo procedimiento de Aquiles y la tortuga …. Ahora bien, ese procedimiento que se llama «regressus ad infinitum» fue aplicado para refutar pensamientos, muchas veces lógicamente, pero Kafka fue el primero, o uno de los primeros, que lo aplicó a la literatura.

Este discípulo tardío (Borges) como él se define escribió (La moneda de hierro, 1976; Obras Competas III: 154) con un guiño a Kafka:

Lo sabían los tres.

Ella era la compañera de Kafka.

Kafka la había soñado.

Lo sabían los tres.

Él era el amigo de Kafka.

Kafka lo había soñado.

Lo sabían los tres.

La mujer le dijo al amigo:

2617217_640pxQuiero que esta noche me quieras.

Lo sabían los tres.

El hombre contestó: Si pecamos,

Kafka dejará de soñarnos.

Uno lo supo.

No había nadie más en la tierra.

Kafka se dijo:

Ahora que se fueron los dos, he quedado solo.

Dejaré de soñarme.

Algunas de las frases de Kafka para alentar a su lectura:

“No desesperes, ni siquiera por el hecho de que no desesperas. Cuando todo parece terminado, surgen nuevas fuerzas. Esto significa que vives”. (El regressus ad infinitum como la paradoja de Zenón)

“A partir de cierto punto no hay retorno. Ese es el punto que hay que alcanzar”.

“La desgracia de Don Quijote no es su fantasía, sino Sancho Panza”. (Cuadernos en Octava)

“El progreso se evapora y deja atrás una estela de burocracia”.

“La literatura es siempre una expedición a la verdad”.

“El gesto de amargura del hombre es, con frecuencia, sólo el petrificado azoramiento de un niño”.

“La juventud es feliz porque tiene la capacidad de ver la belleza. Cualquiera que conserve la capacidad de ver la belleza jamás envejece”.

“Todo el conocimiento, la totalidad de preguntas y respuestas se encuentran en el perro” (probablemente de su último cuento Investigaciones de un perro)

“Reflexionar serena, muy serenamente, es mejor que tomar decisiones desesperadas”.

“El ocio es el padre de todos los vicios, y es el coronamiento de todas las virtudes”. (Cuadernos en octava)

“Uno de los medios más efectivos que tiene el mal es invitar a la lucha”.

“Simplemente, no sobrestimar lo que he escrito; de otro modo se me volvería inalcanzable lo que aún espero escribir”. (Refleja una opinión actual de Piglia: el miedo de un escritor del siglo XIX era el fracaso, en el siglo XX fue el éxito)

“Quien busca no halla, pero quien no busca es hallado”.

“La historia de los hombres es un instante entre dos pasos de un caminante”.

“El mal conoce el bien, pero el bien no conoce el mal”.

“Una buena oportunidad para desesperarse un poco —pensó—, si me encontrase aquí por casualidad y no por mi propia voluntad”.

“Afortunadamente la incongruencia del mundo es de índole cuantitativa”. (consideraciones acerca del pecado)

“Creer significa liberar en sí mismo lo indestructible o mejor: liberarse o mejor aún: ser indestructible o mejor aún: ser”.

“El hueco que la obra genial ha producido a nuestro alrededor es un buen lugar para encender nuestra pequeña luz. De allí la inspiración que irradian los genios, la inspiración universal que no sólo nos impulsa a la imitación”.

“Hay problemas que jamás hubiéramos resuelto si fueran realmente nuestros problemas”.

 “Lo cotidiano en sí mismo es ya maravilloso. Yo no hago más que consignarlo” (resuena Cortázar).

“Si el libro que leemos no nos despierta de un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leerlo?… Un libro tiene que ser un hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro” (Aquí Arlt y su puñetazo en la mandíbula)

“Todos los errores humanos son fruto de la impaciencia, interrupción prematura de un proceso ordenado, obstáculo artificial levantado alrededor de una realidad artificial”.

 

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